El horror presente y la memoria del Holocausto
Hay palabras que el poder de todas clases intenta acotar y blindar. Palabras a las que se rodea de solemnidad, de miedo, de silencios. Holocausto es una de ellas.
Se llamó Holocausto a la culminación del horror hoy se diría televisada: la maquinaria fría, planificada, industrial del exterminio humano. Su memoria debería haber sido un muro infranqueable contra toda forma de barbarie. Sin embargo, no lo ha sido.
Hoy, ante nuestros ojos, en la tierra que habitan Palestina y Israel, se consuma una tragedia prolongada, sostenida en el tiempo, marcada por la desigualdad extrema de fuerzas, por el despojo, por el encierro de civiles y por la muerte numerosa y cotidiana de civiles.
Pero parece que después del Holocausto nazi nada le supera. Pero depende de cómo se vea el asunto, de que no usemos ciertas palabras, de que no comparemos, de que callemos. Nos negamos. Callar es aceptar.
No, no es el mismo fenómeno histórico que el ocurrido bajo el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. No es la misma lógica ni el mismo contexto. Pero hace muchos años que a aquel holocausto sin precedentes en los dos siglos anteriores sucedió pronto uno nuevo. El que sufren experiencias de devastación en aquella zona, pérdidas y aniquilación progresiva.Y eso basta.
Porque el sufrimiento no necesita etiquetas exactas para ser reconocido. Porque la injusticia no se mide con diccionarios, sino en cuerpos, en vidas truncadas, en pueblos desplazados.
La memoria no puede convertirse en privilegio de unos ni en coartada de otros.
Si recordar el Holocausto no sirve para impedir el castigo colectivo, la ocupación y la destrucción sistemática de un pueblo, entonces esa memoria está siendo traicionada y pierde toda la fuerza que pudo tener.
No hay excepciones morales.No hay pueblos elegidos para el dolor ni pueblos autorizados a infligirlo.
Hablar de horror no es banalizar la historia. Es impedir que se repita bajo otros nombres, con otros rostros, con otras víctimas.
Sin embargo hoy, el horror —con otro nombre, con otra forma— sigue ahí
