Abelardo con terremoto
El terremoto ocurrido en Colombia el pasado 10 de agosto a las 7 y 34 de la mañana, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), en donde el territorio está asociado a una condición morfológica forzosa como la móvil y trepidante placa de Nazca -una de las placas más activas del planeta, fuente principal de la alta sismicidad en la región andina-, le ha dado un vuelco radical al panorama social, económico, político e institucional de Colombia y su sociedad.
Hasta el momento las muertes se acercan a la cifra de las 300 personas, los heridos son más de 3500 y los desaparecidos son más de 500.
Los daños económicos impactan el 25% del Producto Interno Bruto con graves consecuencias en el comercio, el empleo, la vivienda, la seguridad alimentaria, el transporte y la agricultura.
Tres días después de su posesión, el señor Abelardo recibió un baño de realidad que lo coloca delante de una compleja situación que confronta su retórica ultraderechista, militarista y violenta, claramente subordinada a la potencia imperialista encabezada por el delirante y suicida señor Trump y su cúpula de matones, como el Secretario de Guerra Pete Hegseth, con quien el Ministro de Defensa entrante, general Mora, acaba de firmar en Panamá, un acuerdo para adelantar operaciones militares en el territorio colombiano, en el marco de la nueva versión de la guerra contra las drogas que omite el estado de derecho y las garantías judiciales.
Atender los descomunales daños ocasionados por el terremoto demanda un profundo sentido de la solidaridad, la compasión y la empatía con las casi 31 mil familias atrapadas en esta tragedia; solidaridad que es la que expresan millones de colombianos, que de manera espontánea y autónoma canalizan y ofrecen apoyos de distinto calado.
Por desgracia en el plano institucional las cosas no pintan de la mejor manera. Si bien hay varias entidades encuadradas en el Sistema General de Atención del Riesgo como la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres y el Fondo de Adaptación, dependientes del Ministerio de Hacienda (hoy en manos de un recalcitrante fanático de la vieja chulavita laureanista), no menos cierto es que tal dispositivo estatal se encuentra diezmado por la corrupción, el burocratismo y la porosidad de sus gerencias y engranajes administrativos; tendencias que........
