El expediente criminal de Marcos Rubio y su estrecha relación con las drogas
El secretario de Estado, Marco Rubio, como se ha comprobado en el año que lleva en el cargo, no tiene experiencia en valorizar las relaciones internacionales, pero sí es un gran conocedor de las organizaciones e individuos involucrados en negocios de drogas en Estados Unidos, mediante las cuales se ha beneficiado para impulsar su carrera política.
Esa imagen dura que Rubio quiere mostrar contra los que Washington considera aliados del narcotráfico, contrasta con su pasado lleno de escándalos que lo involucran con narcotraficantes, estafadores, políticos corruptos y lavado de dinero de la mafia.
En este artículo expondré solo tres ejemplos de sus estrechas relaciones, directa o indirectamente, con operaciones de narcotráfico.
Su primer accionar en esas oscuras acciones fue cuando tenía 16 años, y su cuñado Orlando Cicilia, casado con su hermana mayor, Bárbara, fue arrestado en 1987 por tráfico de cocaína que almacenaba en su casa de West Kendall para después contrabandearla por el país en cajas de cigarros.
En 1989 Cicilia resultó condenado a 25 años de prisión pero fue liberado en 2000 por su colaboración con las autoridades. Él era uno de los testaferros del gran narcotraficante, Mario Tabraue que introdujo en Estados Unidos drogas valoradas, en ese tiempo, en más de 75 millones de dólares. Fue condenado a 100 años de prisión aunque lo absolvieron en 2003 por «buena conducta».
Rubio aunque vivió un tiempo en casa del matrimonio Cicilia, sostuvo que ni él ni sus padres sabían del tráfico de drogas y que Orlando le pagaba diez dólares a la semana por bañar a cada uno de sus perros. Dos agentes del orden declararon al semanario New Times que les resultaba difícil creer esa historia.
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