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Nuestro compañero José Sant Roz no haya de qué palo ahorcarse

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Menos mal que yo misma no he llegado a esa condición. Pero seguramente será por los antidepresivos que vengo tomando desde enero. Me tienen tranquila y serena. El nombre pregúntenselo a mi psiquiatra, por aquí no puedo.

José lo veo desesperado, amargado, muy pero muy dolido, buscando al inicio de los acontecimientos la verdad por doquier. Ahora ¿parece haberla encontrado? Y entonces escribe y nos recuerda aquellos tiempos de la IV república donde todo, pero todo estaba mucho peor que en los tiempos gloriosos de Chávez.

Nuestro querido José se resiste a saber lo que realmente pasa. Va de busca en busca, de opinión en opinión, usando siempre su esmerada inteligencia.

¿Será por eso que yo estoy más comedida? Por eso de la inteligencia claro, pero sobre todo por el gran conocimiento que posee el compañero. Lo cual lo asusta. Lo enerva, lo desquicia y lo notamos en sus escritos diarios, como pidiendo auxilio para borrar de alguna forma mágica ese nefasto tres de enero.

Ese profundo conocimiento histórico de José Sant Roz yo no lo poseo. Aprendí tarde, de otros, sin haberlo practicado como sí lo hizo José desde muy joven, en sus obras comunitarias por doquier se encontraba. Yo en cambio, luego de la recomendación de las monjitas que evitara los guerrilleros en la universidad central, fui a estudiar en Italia por los setenta, paseando por el continente de las luces (en ese momento, ¡ay Europa ¡), y luego hasta disfrutando en Miami de ese está barato dame dos. Me avergüenza, pero es la realidad. ¿a quién debo engañar? Fui casi una sifrina como esa de Caurimare, la famosa Laura Pérez.

José Sant Roz no, claro que no. Y ahora entiende mucho mejor nuestro futuro cercano si no ocurre otro evento extraordinario que cambie la situación.

Este cambio de señas en el chavismo es curioso también para mi........

© Aporrea