La pedagogía del imperialismo
Por cuanto va corriendo la vida, el capitalismo imperialista describe su trayectoria, generación tras generación, como sistema cerrado, su historia más general refiere lo irreductible: acumulación, guerrerismo, opresión, monopolios, racismo, colonialismo, neocolonialismo, xenofobia, globalización, saqueo, genocidio, enajenación, discriminación… se enmarcan en la premisa de explotación e inamovilidad de sus estructuras y relaciones sociales históricas.
Disolver la pedagogía y educación humanista de los pueblos hace parte de esta trayectoria, ha sido una lucha constante de la que da cuenta la historia de la educación y sus corrientes de pensamiento, en que por el lado contrario la educación burguesa tradicional o de formulario tecnocrático, degradan el espíritu formativo para la libertad social ante el utilitarismo del sistema, en el marco de un reduccionismo progresivo del acto de enseñar y su didáctica para la inserción conductual capitalista.
El hegemón norteamericano grafica una "enseñanza motivacional" donde cubre unilateralmente sus perspectivas, que las dimensiones del desarrollo capitalista son abiertas a todos los gustos, aunque exclusivamente basado en las leyes de hierro de sus procesos de acumulación de capital. Nos arrastra a aceptar que el sistema es de esta cualidad abierta porque así se certifica, pese a que sus prerrogativas motoras indiquen lo contrario. Los imperialistas inculcan esta percepción de mundo feliz: la historia humana puede reducirse a sus perspectivas capitalistas.
Paradójicamente, entre lo que se enseña y lo que se es, hay un campo de disputa. En una primera impresión basada en su inmediatismo, el "sistema abierto" es una cuestión de sesgo, ideología y apariencia, mientras que en el ámbito de su naturaleza permanecer cerrado es su modo funcional de blindar el sistema, por ejemplo, su ilusoria apertura guarda el código, la democracia es su democracia, la justicia es su justicia, la conciencia es su conciencia, no admite ninguna otra razón e interés que los del capitalismo.
Sin embargo, en el plano dialéctico, es también, la condición de suplantar un antagonismo entre estabilización y desestabilización sistémica que el proceso histórico de la lucha de clases conlleva ante el viejo régimen social que no termina de superarse y el nuevo que ya se ha tardado en nacer. Para el sistema es su eterno estar entre el consenso y la coerción, como característica permanente de un entorno imperialista conflictivo.
Tal medio, entre la permanencia y el cambio, es distintivo de la actual dialéctica del hegemón norteamericano (aunque no de su exclusividad) como impulsor de cambios para que nada cambie en el marco de su hegemonía imperialista. La desesperada beligerancia fascista de Donald Trump y la clase que representa por imponerse sobre otras potencias y en especial sobre los pueblos del mundo para prolongar la inhumana dominación y atragantarse con nuestros recursos; es entre otras cosas, evidencia de una historia cerrada entretanto suceda la ruptura no solo hegemónica, sino esencialmente sistémica.
Es aquí donde se ejecuta una pedagogía acrítica de domesticación social a estas alturas de la vida, en la que los imperialistas norteamericanos y europeos en primer plano presionan al mundo a cambios de correlación en un plan maquiavélico que favorezca sus exacerbadas perspectivas de dominación. No les parece suficiente explotar y oprimir, las oligarquías requieren del adoctrinamiento y del olvido, de borrar la memoria colectiva y el sentido de lo propio humano, de enseñarnos a ser y pensar según sus valores, de aceptar sus agresiones, de temer sus represalias, de borrar nuestras identidades más profundas, de aceptar el intervencionismo, de abdicar de nuestra soberanía y derechos como algo positivo y superador de nuestro atraso tantas veces, y de tantas formas inducido.
Algunas de las causas importantes del desequilibrio de la conciencia social infantil, juvenil y de la edad adulta se sustentan razonablemente en las problemáticas de la sociedad actual y la pedagogía de la opresión no hace más que sublimarlas, desarticulando el desarrollo de la maduración del ser social y su acción crítico-política.
Su pedagogía no tiene límites, es una pedagogía de la manipulación, amenaza, golpea, chantajea y llegado el caso, asesina para que el resto escarmiente, es la versión mejorada del refrán "la letra con sangre entra". La pedagogía del imperialismo se proyecta a todas las generaciones, infiltra ideológicamente amplios sectores y clases para volverse de receptáculos mudos a repetidoras convencidas de su visión ampliando el impacto de sus posiciones.
El mundo es víctima de agresiones constantes en las nuevas pugnas imperiales, todos los factores de actividad social se ponen en juego ante esta escalada sin igual, la pedagogía sin dudarlo que también como medio de dar curso a los procesos cognitivos y socioculturales en las actuales circunstancias y de una manera singular, entre otros alcances. En este entorno humano y planetario arribamos a la guerra cognitiva frente a la concienciación, entre la jugada a la parálisis del ser social o su trascendencia práctica.
Sea que Estados Unidos logre hacerse con su hegemonía a otro nivel o que encuentre la resistencia suficiente para acelerar su punto de quiebre en los próximos años, nos están llevando a tal estado de presión que resulta fundamental la lucha existencial, cobrando sentido entre las clases explotadas y los pueblos del mundo, o sucumbir en peores circunstancias. La ruptura del sistema es posible, necesaria y viable antes que termine por arrojarnos a la destrucción de la humanidad porque evidentemente las élites que gobiernan el mundo asumen acciones contra-humanas, contra los intereses sociales de las mayorías, contra las premisas civilizatorias y contra la vida como la conocemos, por el bien de los pueblos y de sus necesarios cambios sociales, todo lo que exige es una lucha perseverante desde cualquier forma que las circunstancias impongan.
Pero estamos en este tiempo histórico de definiciones en que las clases y sectores sociales concurren y sus realidades les hacen frente por la implicancia de la acelerada marcha del capitalismo con sus multiplicadas contradicciones, ahora replicadas por el hegemón, sus corporaciones, élites y las pugnas a que se conduce. Porque los Estados Unidos están amenazados como ente imperialista decisivo, no solo en su hegemonía (de perderla y recular), sino en el posible desplome al no ser más el centro de la acumulación de capital internacional.
La política y acción actuales de las oligarquías de los Estados Unidos están selladas por esta circunstancia, incierta todavía, aunque estén poniendo todos los pollos en el asador. Su versión específica de fascismo llegó al Poder en Estados Unidos por su debilitamiento relativo en el rango de hegemón global, que justamente, concentrando más potencia que nunca en su historia, se disminuye ante sus competidores y ante las potencialidades de que germine resistencia y rebelión desde abajo a cada momento hasta en espacios insospechados.
A nosotros los pueblos, nos ponen bajo su tutela mental, porque, así como en sus bombardeos priorizan en la siembra del miedo, saben a ciencia cierta que lo primero es adiestrarnos en la resignación de lo que será el mundo dirigido una vez más por este. Por esto, tanto su trabajo de adoctrinamiento permanente como por la instrucción de sus acciones sociopolíticas, abordan la pedagogía del encause hacia la alienación sistémica de la vida.
La línea pedagógica imperialista progresa siempre en función de ajustarse a los problemas y procesos de opresión. En la pedagogía del imperialismo nosotros somos el producto, nuestros pensamientos, criterios y conductas se busca inducirlos a través de todos los medios y recursos comunicacionales y organizacionales disponibles de las relaciones sociales dominantes desde las más rudimentarias hasta sus altos grados de complejidad cultural.
Ahora bien, el imperialismo posee muchas escuelas de pensamiento y otros tantos esquemas pedagógicos, no obstante, hacia lo que nos enfocamos es al modo en que se postula (a través de sus acciones prácticas y teóricas, su pragmática e ideología) la "enseñanza" del comportamiento de las clases sociales subalternas en los circuitos socioculturales del sistema.
En primera instancia se exhibe el sistema educativo y cultural sobre la cosmovisión de los imperialistas contra los pueblos oprimidos. El negocio y la ofensiva ideológica trabajan en alta fusión desde la mediática, Trump se exhibe como el sumo maestro del capitalismo, avezado pedagogo del sistema imperial poseedor de un complejo propagandístico ultra avanzado. La fábrica de dominación ideológica es un entramado internacional para programar el ser neocolonizado, las bases de la enajenación y alienación donde lo visible es el pensamiento fundamentalmente occidental de imperialismo cultural.
Pensamiento dominante que consiste en la legitimación del Poder del capitalismo, sus instituciones y sus monopolios, la dominación cultural en que el racero propio imperial es la medida de todas las cosas, tal como el imperialismo norteamericano proyecta sus valores sobre las demás naciones.
La pedagogía de la dominación actúa desde el papel desestabilizador del hegemón sobre el mundo, la promoción educativa de la supremacía del modo de vida burgués, la imposición de la superioridad cultural de los explotadores, la supresión de las identidades de los pueblos, la colonización de las mentes bajo la institución de la educación oficial y empresarial; actuando como instrumento de control en la estratificación económica, así como en el adoctrinamiento del interés corporativo y la virtud de la fuerza contra los débiles como proeza formativa del pensamiento dominante.
La pedagogía es una herramienta del imperialismo, en sus manos es transformada en una pedagogía del Poder, propia de su régimen social para una educación sistémica. Pone en circulación las matrices de interés estratégico del sistema para resguardarse en tiempo y espacio, es discursiva y práctica, es invasiva y violenta, disuasiva e intransigente, la saña y la injuria son su elemento, gracias a ello muchas guerras se ejecutan, invasiones y saqueos, es traicionera y pérfida.
Educa a unos para ejercer el Poder y al resto para someterse a sus designios. Su percepción de la realidad corresponde a las inercias del capitalismo, sus reglas e intereses, lucha para que esta visión predomine sobre la humanidad, infunde la manipulación del mundo.
Esta Pedagogía del Poder se inscribe en una enseñanza de ultimátum a las sociedades para ceder ante la vorágine capitalista. Es el predominio de la visión de barbarie sobre la humanidad, una barbarie naturalmente ordenada en torno al capitalismo salvaje. Se trata de la trasmisión de relaciones de dominación a través de las relaciones pedagógicas y de educación contemporáneas no solo de la institución educativa, sino a través de los monopolios comunicacionales, sus plataformas, de las élites que gobiernan el mundo, sus instrumentos económicos, políticos y militares.
Su aleccionamiento es un montaje de envergadura mundial, en tiempo real, para taladrar en la cabeza la fe del capital. Se basa en rigurosas lecciones de ataque a los pueblos y sus liderazgos bajo cualesquiera medios posibles, su adoctrinamiento consiste en instrucciones de calificación de los demás, en el reconocimiento del belicismo hegemónico como lo natural y legítimo del imperialismo por las consignas que fueren, pero con fundamento en los intereses más sagrados del saqueo de los pueblos, de amenazas por los llamados cambios de régimen cuando no cuadran a la institución imperialista.
Dentro de esta pedagogía de dominación vino un enorme cambio estructural impulsado por décadas de dominación hegemónica yanqui depredador, expansivo e implacable. Esta pedagogía es para el control y la sujeción, del orden por encima de todo y de todos, es una pedagogía del terror y miedo, de la masacre con propósitos de coerción, refundada en una suerte de didáctica del esquema palestino y el cipayismo latinoamericano.
Hay un asunto que resuena significativamente en la inclinación de la pedagogía imperial, sobre la idea de América, para los yanquis en su destino manifiesto, América es su autorreferencia, y el "entorno" es su patio trasero, no existe más allá de ello, se trata de una implicación de coloniaje como basamento del ser imperial, que resulta tiránica en la realidad, invisibilizadora de nuestros pueblos y culturalmente ignominiosa. Pues bien, este asunto devela ese empeño sistemático en todos los frentes por destruir la cognición profunda como medio de consolidar la depredación del sistema.
La Pedagogía del Poder es este mecanismo de alienación de las estructuras sociales, comunicacionales, culturales, políticas y económicas para generar obediencia, legitimar todas las formas de violencia, disciplinar a las sociedades, reforzar ideológicamente el control social, enseñar en el conformismo de la inevitable explotación capitalista y formar en la sumisión.
