Doctrina Monroe: esclavitud y onanismo
"Todo lo que deba ser hecho será efectivizado, sin espacio para la comprobación cierta de nada" (Epílogo de mi libro "El Pedestal Vacío, 1994, Ed. Catari).
Cuándo la realidad se convierte en una obsesión, produce una pérdida de identidad, no ignoremos que la sensibilidad exige distancia (un extrañamiento de la realidad cotidiana), pues la ley de la realidad se asemeja a la ley de la gravedad: ambas son ineludibles, universales y particulares.
Lo humano tiene que ver precisamente con ese espacio de tensión dinámica entre adaptarse y autoorganizarse, entre acatar o delinquir. La obsesión por la realidad no garantiza en absoluto mayor realismo en esta era de la amabilidad cual subterfugio de la indiferencia generalizada, como tampoco mayor realismo garantizara una justa valoración de la realidad.
Y la total despreocupación tampoco es justamente un signo de irrealidad, con la historia eliminada, día tras día... Y sin historia, no hay libertad. Sin matices, no hay soluciones que duren.
En tiempos donde todo se empuja hacia el blanco y negro, pensar con matices no es tibieza: es responsabilidad. Sostener la complejidad no es confusión: es coherencia. Cuando el activismo se vuelve identidad (cuando deja de invitar a pensar y empieza a exigir alineación), la bondad corre el riesgo de endurecerse y perder su capacidad transformadora.
Permanecemos en el milenio de la indiferencia, de los actos de amabilidad hipócrita, al servicio de la voluntad de perder y diluir la tonalidad de los acontecimientos que se suceden, siempre al margen de la voluntad de los pueblos que experimentan una transfusión de incertidumbre y sobrevida.
Revelar, comunicando la inmundicia en que se........
