Política para la vanidad. Ofensivo alarde. Vanagloria de la propia valía
En los cuatro puntos cardinales, a todo lo largo y ancho de la República Bolivariana de Venezuela, vemos los nombres, las imágenes, los retratos de
alcaldes, Gobernadores y hasta de otros funcionarios.
Las fotos, los nombres y apellidos del electo representante del pueblo, repetido por miles de veces, en vallas, paredes, vehículos, pancartas, en los medios de comunicación, en múltiples redes sociales, faltando poco para que el sonriente rostro de la máxima autoridad, aparezcan en la sopa que nos comemos. Son una especie de sol, donde nos encontramos alumbra, encandila su presencia, nos acompaña como nuestra sombra.
Es tal el afán de esa desmedida conducta, de esa excesiva necesidad de hacer evidente la presencia, la imagen, *la vanidad de promocionar el nombre que no tiene límites* y convierte a los trabajadores, hombres y mujeres de las dependencia pública, en una especie de valla móvil, anuncio animado, todos uniformados con las impresiones, la estampación textil sobre la ropa, pantalones y camisas del nombre, apellido y hasta la imagen con la cara del señor que gobierna la localidad, del gran elegido y de las consignas que identifica la gestión de gobierno, hasta el punto, que cada obrero y obrera, empleado o empleada, su teléfono particular y personal tiene que estar a la orden y ser *medio para la reproducción y difusión de la gestión del gobierno y del ejecutor de la obra.
El diluvio publicitario no es una cuestión sin relevancia, al contrario constituye, en ocasiones un irrespeto a la persona humana, al convertirla en protagonista involuntario de una campaña publicitaria, mediante la cual deja de ser tratado como sujeto, como ciudadano de una república, para ser convertido en un objeto, en un medio de la publicidad gubernamental, en beneficio de la política y de las consignas de su empleador. De esa manera queda devaluado la civilidad, los derechos a un trato digno, a ser consultado, a ser tratado con respeto, a entender que vivimos en una sociedad que pregona y enaltece la pluralidad y universalidad del pensamiento, la no unilateralidad, ni las imposiciones por vía de hecho de un acto publicitario, que utiliza a un ser humano -sin consultarle ni obtener su aprobación- en objeto o medio de propaganda.
Tales extremos, eso de convertir a las........
