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A propósito de cómo resistir la ocupación

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tuesday

"El silencio del resistente es a veces la más alta de las voces. Pero cuidado: el silencio del cobarde no se diferencia en nada del silencio del cómplice." Albert Camus

Lo he dicho antes y lo repito ahora con la molestia de quien ve repetirse la misma tragedia con actores distintos: la política venezolana posterior al 3 de enero ha entrado en una fase clínica de esquizofrenia estratégica.

No se trata de una simple indecisión, ni de un cálculo táctico, ni mucho menos de una "pausa prudente". Se trata, lisa y llanamente, de una fisura existencial que reproduce a escala local el peor de los dilemas morales de las resistencia del siglo XX: colaborar con la potencia ocupante o resignarse a una resistencia silenciosa que, por no hacer ruido, termina no haciendo nada.

Lo grave es que los mismos actores políticos pretenden hacer las dos cosas al mismo tiempo. Colaboran con el régimen —esa "potencia ocupante" de facto que ha tomado todas las instituciones— mientras se autoconvencen de que su silencio cómplice es, en realidad, una forma superior de resistencia. Una "resistencia silenciosa", le llaman algunos. Yo lo llamo por su nombre: colaboracionismo con vergüenza mal disimulada.

El 3 de enero como acta de rendición moral

Fijemos la fecha en el calendario patrio: 3 de enero. Ese día no fue otra cosa que el momento en que la dirigencia venezolana aceptó las reglas del ocupante a cambio de no ser molesta.

¿Qué ocurrió ese día? No importa tanto el hecho concreto (un allanamiento, una detención, una negociación secreta), sino lo que vino después: la normalización de la colaboración.

Desde entonces, asistimos al bochornoso espectáculo de quienes, habiendo jurado resistencia, ahora gestionan permisos ante el régimen para hacer política. ¿Qué es eso sino la definición exacta de colaboracionismo? Colaborar con la potencia ocupante no significa necesariamente ponerse uniforme del ejército invasor. A veces, es mucho más sencillo: significa reconocer su autoridad para poder operar. Significa pedirle permiso. Significa negociar las condiciones de la propia sumisión.

Y ahí están ellos, los nuevos colaboracionistas criollos, sentados en mesas de "la nueva diplomacia de paz" que son más bien mesas de entrega sectorizada. No entregan el país de una sola vez —eso sería demasiado........

© Aporrea