Las dimensiones del giro de Colombia hacia la extrema derecha
La campaña presidencial colombiana de 2026 ha sido la más polarizada y tensa en décadas. Los resultados de la segunda vuelta nunca habían sido tan reñidos: según el preconteo, el nuevo presidente será el candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella, con 49,7% de los votos, quien presuntamente se impuso por solo 0,9 puntos porcentuales al candidato oficialista Iván Cepeda, que terminó en 48,7%.
Teniendo en cuenta que el preconteo es preliminar y no vinculante, será el proceso de escrutinio el que confirme los resultados. De hecho, en su discurso después de la segunda vuelta, Cepeda señaló que su campaña impugnará más de 30.000 mesas de votación para asegurar la confiabilidad de sus resultados. Pero hay que decir que históricamente los datos del preconteo han sido muy similares a los del escrutinio definitivo, por lo que ya se da por hecho que De la Espriella es el presidente electo.
Con una participación que superó el 63% del censo electoral, la más alta de la historia, este resultado tan reñido da cuenta de la profunda división que vive Colombia. El gran interrogante ahora es cómo asumirá el nuevo presidente el enorme reto de gobernar en un país partido en dos, y si tendrá la voluntad de incluir a ambas partes no solo en el terreno discursivo, sino en su gestión del poder durante los próximos cuatro años.
Hace un mes y medio pocos imaginaban el resultado del 21 de junio. Desde hacía varios meses, todas las encuestas mostraban a Iván Cepeda como el favorito, en un cómodo primer lugar y con varios puntos de ventaja sobre sus competidores. La primera vuelta representó un duro golpe para Cepeda. En la campaña del Pacto Histórico estaban convencidos de que el candidato de la izquierda no solo obtendría el primer lugar, sino que incluso podría superar el 50% de los votos y evitar el balotaje. Pero la sorpresa no tardó en llegar: De la Espriella consiguió 43,74%, una ventaja de casi 3 puntos porcentuales sobre Cepeda, que sumó 40,9%, en una elección que además tuvo también una participación muy alta para los parámetros colombianos: 57% del censo electoral.
En esa elección, el supuesto ‘outsider’ De la Espriella no solo venció por escaso margen a la izquierda, sino que además relegó a la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático del ex-presidente Álvaro Uribe, a un lugar casi marginal, con menos de 7% de los votos.
Para la campaña de Cepeda fue difícil sacudirse del shock de esa derrota. Por algunos días no hubo un cambio de rumbo para buscar acercarse a sectores de centro que pudieran ayudar a reducir la diferencia, mientras que Valencia y el Centro Democrático expresaron su apoyo a De la Espriella la noche misma de la elección. Pero en las dos semanas previas a la segunda vuelta la dinámica cambió, no solo por los acercamientos de Cepeda a otros actores políticos, sino por una impresionante movilización de grupos de ciudadanos que desde diversos lugares del país y de la sociedad se organizaron para impulsar la campaña de la «Alianza por la Vida». Con ese apoyo, Cepeda demostró su capacidad para crecer, alcanzando más de 3 millones de votos adicionales que, sin embargo, no le alcanzaron para ganar la Presidencia.
Como han analizado algunos medios, el voto en favor de De la Espriella es una mezcla de voto de derecha tradicional, desencanto con la política y rechazo de la clase media a Gustavo Petro y a la izquierda. Aún más importante, los reparos que el candidato ultra llegó a despertar -incluso entre las elites- se fueron disipando en las últimas semanas, hasta contar con la simpatía de los grandes empresarios y financieros del país.
En términos geográficos, los resultados de las dos vueltas electorales fueron prácticamente iguales y muy similares a los de 2022, y muestran, de manera muy clara, la división del país en dos mitades.........
