Las tres Europas en la era del máximo peligro
A los hombres y mujeres de esta generación nos corresponde volver a vivir tiempos peligrosos. En realidad, la excepción es lo contrario: la feliz suerte de conocer, en el lapso de una vida, largos años de paz relativa, solo salpicada por conflictos locales que no amenazan a la existencia misma de la civilización y aun de la especie.
Ya se ha acabado esa "paz fría" y relativa, la de 80 años con guerras localizadas y contenidas. Hemos de prepararnos para la "convergencia de catástrofes", por emplear un término querido al fallecido pensador francés Guillaume Faye.
La vida de esta y la siguiente generación, especialmente en ese ámbito que se llama, de manera interesada o perezosa, "Occidente", ya va a ser cada vez más arriesgada, insegura, sometida a crueles baños de realidad. "Occidente", como tal, es un concepto destinado a desaparecer, se extingue la idea pues se extingue la realidad que refleja. Solamente hay un Imperio norteamericano... y los demás. La propia debilidad del concepto, por un lado, así como la transformación de la realidad geopolítica, brutal en los últimos meses, por otro, llevan por fuerza a esa desaparición.
"Occidente" fue un concepto que, si no inventado sí fue puesto en circulación de manera propagandística por la Anglosfera. La propia palabra esconde lo que fue, hasta el siglo XIX, una realidad nuclear: la civilización europea. Los británicos, desde sus islas, se dedicaron históricamente a mantener el continente en un estado de guerra civil permanente, desunido y –especialmente- separado de Rusia, separado de la nación enorme, la única que daría sustancialidad (territorial, poblacional, energética) a un continente dotado ya de una tradición cultural común, como es Europa.
Toda vez que, a partir de 1492, los europeos se proyectaron hacia las Américas, en esa compleja labor de destrucción y construcción de un mundo nuevo, y toda vez que a partir de finales del XVIII una nueva "nación" anglosajona, los EE.UU., fue adquiriendo perfiles de potencia, ese Occidente fue sinónimo de norteamericanización del mundo, y "Europa" fue eclipsándose.
La norteamericanización del mundo pasó por diversas fases a lo largo del siglo XIX. La primera, evidentemente, consistió en arreglar cuentas con la Corona Británica. No ya solo la independencia de la Unión ante los ingleses, sino la seguridad ante revanchas o intentos de reconquista por parte de los británicos, fueron urgencias del primer momento. El modo de producción capitalista, en su evolución incesante durante el XIX haría que el enfrentamiento anglo-yanki se convirtiera en su........
