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La dolarización formal en Venezuela: ¿Solución o renuncia estratégica?

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En una jugada de ajedrez geopolítico tan predecible como preocupante, la reciente propuesta del diputado Antonio Ecarri de avanzar hacia una dolarización formal en Venezuela —respaldada por el economista estadounidense Steve Hanke, conocido por su asesoría en procesos similares en Ecuador y Zimbabue— ha destapado una contradicción que pocos se atreven a nombrar: mientras el poder político blande la bandera de la "soberanía monetaria", millones de venezolanos han decidido ya, en la práctica, prescindir del bolívar como unidad de cuenta y reserva de valor.

 Lo que la economía política de la dolarización revela, sin embargo, es que este proceso de "familiarización" con la moneda norteamericana no es más que un mecanismo de supervivencia, no una solución estructural.

El anuncio legislativo fue recibido con el rechazo inmediato del oficialismo. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, calificó la iniciativa como "falsa, absurda y descabellada", al tiempo que anunció una investigación contra Ecarri por atentar contra la credibilidad del Poder Legislativo [El País, 2026].

 En esta disputa se esconde un hecho ineludible: la dolarización informal avanza imparable. Venezuela ha experimentado tres reconversiones monetarias fallidas (2008, 2018 y 2021), una hiperinflación histórica durante la década pasada y una depreciación del bolívar que, como ha documentado Pasqualina Curcio, ha sido inducida a través de la manipulación política del tipo de cambio, ascendiendo a dimensiones criminales que superan el 5.983.889.428% (Curcio, 2025). 

Pero estos datos, lejos de ser un argumento a favor de la formalización, son la crónica de un fracaso: la pérdida de confianza en la moneda nacional, la aniquilación del salario como mecanismo de reproducción social y la rendición ante la más poderosa de las armas imperiales: el ataque a la moneda (Curcio, 2025).

El dólar global: una ilusión de solidez

Para quienes aún defienden la dolarización como un ancla de estabilidad, el contexto internacional ofrece un recordatorio brutal de su fragilidad. Como documenta Ariel Wilkis en su introducción a "Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global", el dólar no es una entidad "autopropulsora", sino que su valor depende de complejos procesos de aprendizaje, confianza y familiarización que no pueden darse por sentados fuera de las fronteras de Estados Unidos (Wilkis, 2024). 

El Banco de Pagos Internacionales, en su Informe Económico Anual de junio de 2025, advierte que bajo la superficie de una aparente estabilidad cambiaria "se están produciendo importantes cambios en los flujos de capital que podrían aumentar el riesgo del dólar". 

El interés extranjero por la deuda soberana estadounidense se está debilitando, mientras que el interés extranjero por las acciones estadounidenses está aumentando. "La situación fiscal de Estados Unidos se está debilitando, mientras que la rentabilidad de sus empresas se fortalece" [Bank for International Settlements, 2025].

La deuda pública estadounidense ha alcanzado niveles sin precedentes. Los analistas de JP Morgan advierten que "los déficits generan más deuda, lo que incrementa aún más los déficits y, en consecuencia, el nivel de deuda". Durante la próxima década, los pagos anuales de intereses de la deuda nacional aumentarán de 1 billón de dólares a 2,1 billones de dólares. Esta tendencia preocupante, conocida como la "espiral de la deuda", es un recordatorio de que el dólar no es un refugio seguro, sino una moneda sujeta a las mismas tensiones fiscales que cualquier otra [JP Morgan, 2025].

El Banco Central Europeo, en su informe de 2025, documenta que el oro ha superado a los bonos del gobierno estadounidense como el principal activo de reserva del mundo, y que "los bancos centrales del mundo están acumulando casi tanto oro como durante el apogeo de la era de Bretton Woods", mientras que la participación del dólar en las reservas de divisas cayó al 22% [Financial Times, 2025]. 

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, señala Ahmed Moor en The Guardian, "está acelerando la desdolarización y el declive de Estados Unidos", y "la desdolarización promete reordenar el mundo, reduciendo el poder estadounidense a nivel global" [Moor, 2026]. En este contexto, apostar por la dolarización es apostar por un caballo perdedor.

La soberanía como moneda de cambio

La propuesta de dolarización formal plantea una pregunta incómoda: ¿qué soberanía le queda a una nación que renuncia a su moneda? En una economía dolarizada, el Estado pierde sus herramientas más elementales de política económica: no puede emitir moneda, no puede devaluar para ganar competitividad, no puede manejar las tasas de interés para estimular la inversión o contener la inflación.

Pese al entusiasmo de sus promotores, la dolarización formal cuenta con la oposición de la mayoría de los economistas.

 "Entiendo que sea una opción popular porque la gente desespera por una referencia estable", señala José Guerra, economista de la Universidad Central de Venezuela. "La ventaja es que frena la inflación rápido y permite el crédito a largo plazo. Pero para un país petrolero es una camisa de fuerza: al no tener un banco central que emita moneda, un shock externo provocará deflación, imposibilidad de pagar salarios o de financiar el gasto público, como ocurre en Ecuador. Además, genera una alta dependencia de Estados Unidos y es un camino sin retorno" [El País, 2026].

En la misma línea se expresa Rodrigo Cabezas, exministro de Finanzas de Hugo Chávez: "Me opongo por completo a perder la moneda nacional. No es razonable que una nación renuncie a dos herramientas esenciales de política económica como la monetaria y la cambiaria. Se pierde el control sobre las tasas de interés y el crédito para la inversión, además de la competitividad externa que permite industrializar el país" [El País, 2026].

 Omar Zambrano, economista jefe de la firma Thinkanova, coincide: "El país llega a este debate por cansancio. El problema es que, aunque se dolarice, la inflación no convergerá de inmediato a los niveles de Estados Unidos. En ese periodo de transición, los costos internos suben por encima de los internacionales y producir se vuelve muy caro. La dolarización asfixia cualquier actividad distinta al sector extractivo que genera divisas y le pone un techo al crecimiento" [El País, 2026].

Ecuador y El Salvador: los espejos de la desilusión

Los casos de Ecuador y El Salvador, que el propio Hanke menciona como referentes, ofrecen una lección contundente sobre las limitaciones de la dolarización. Como documenta Wilkis, Ecuador es el país con mayor antigüedad en la adopción del dólar en América Latina, y sin embargo, la dolarización no resolvió sus problemas estructurales. En los mercados populares ecuatorianos, "los repertorios monetarios dolarizados dan cuenta de las relaciones de las........

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