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Pornosdernidad

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14.03.2026

Eran, en suma, estilos y temperamentos cortesanos y heroicos, en los cuales se reiteraba el Feudalismo.

La aristocracia de los humanistas.

Apreciadas y apreciados lectores. Ciertamente transitamos momentos innegablemente de transición. Con ello, quiero significar, tiempos históricos descarnados. En cuero, dijera un poeta. Horribles figuras copan el escenario globalizado. Estridentes sonidos de una orquestación con lecturas en pentagramas disonantes de música magra, por decir lo menos. Hollywood mismo, se sonroja de semejante creación y puesta en escena. Tan grotesca, que consideran convocar a junta de directivos al más alto nivel, para enmendar el rodaje, en pleno desarrollo.

Ya no hay manifestación de recato por parte de cierta plutocracia, devenida improvisada de manera ordinaria, en regidora de acciones -apagafuegos de la crisis burguesa-, de la mayor improvisación de gobiernos en franca y rauda decadencia. Ello pone a la luz del día a día y de los acontecimientos, el mayor desparpajo ante una humanidad, que recibe con asombro, los burdos procederes de la más desaguisada estética. Dicho en extensión, una estética política, del esperpento, reñida con las normas básicas y/o fundamentales de la convivencia. Esto mantiene hasta a los tradicionales aliados de ese Leviatán, en un muy incómodo momento, difícil de disimular y soportar ante bochornoso espectáculo. Son estertores de un cese irreversible de las funciones de un pesado y esclerosado organismo, en proximidades a ser engullido por la historia, que ya se hace larga. Dicho esto, por la cantidad de desaciertos e inmoralidades de reprochable conducta humana, en su relación con el poder; en todo caso poder fetichizado, inmoral, victimario, genocida y ecocida. El caso Epstein, corrobora a plena luz, todos los pecados concebidos, por la inmoral élite que desgobierna el mundo. Aunque tratan de ocultarlo, es imposible, por muy rubicundos y radiantes, que se muestren ante las cámaras.

El ecosistema capitalista imperial, ha entrado en el torbellino de una entropía acelerada, que requiere urgentemente de los escasos recursos naturales para satisfacer su desmesurado metabolismo y sobrevivir la crisis ya anticipada, para la cual no ha habido forma de enfrentarla dada la naturaleza misma de un modo de producción civilizatorio capitalista, en contradicción misma en Stricto sensu.

Lenin nos alertó de un capitalismo desbordado mundialmente en imperialismo. La situación actual contemporánea de tiempos en curso es -amada humanidad-, que este monstruo, tiene pretensiones de extenderse por toda la galaxia vía láctea -por ahora-, hasta el satélite selenita, Marte y un poco más allá. Esto con el consecuente deterioro e irreversible daño de la cuna de la humanidad; nuestra amada nave planeta, Tierra. Todo ello, en la mente, propósitos y acciones de una plutocracia desmesurada en intenciones, que en nada toma en cuenta a la mayoritaria humanidad de pueblos del mundo entero. Eso debemos tenerlo bien claro.

Tal vez, no se trate de una ruptura definitiva y el nacimiento de una nueva era en la historia del homínido bípedo -con su poco modesta y auto reconocida sapiencia-, pero si podemos estar en un punto de inflexión en el desarrollo político de los próximos años. Asunto muy relativo, pero que dependerá mucho de la dinámica política misma debatida y consensuada por los pueblos del mundo y sus gobiernos soberanos. Esto, como contrapeso que ponga fin a esa alocada manera de conducirse por parte de las oligarquías globalizadas, y que permita un equilibrio necesario para el bienestar integral de la humanidad. Tal vez no esté haciendo uso de un vocablo ya conocido, o tal vez lanzando un neologismo, pero se hace necesario un giro sensato ante esta terrible realidad. Debemos mantener la serenidad de pensamiento y análisis crítico de la situación, para afrontar en unidad de acciones decididamente valientes, soberanas y consensuadas, los desmanes de una élite perversa, que hace de su comportamiento, daños profundos e irreversibles, en la sociedad humana en su integridad.


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