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Un último negocio en la sociedad del espectáculo

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23.04.2026

Las guerras han acabado siendo un producto comercial más en la sociedad del espectáculo, que, de un lado, se sirve a las gentes para entretenerlas y se involucren en el proceso de la división de opiniones, propio de cualquier sociedad que toma el rótulo de democrática, mientras quienes las sufren en sus carnes las maldicen sin contemplaciones, más allá de las ideologías que se sirven en el mercado. Haciendo uso de la terminología propagandística, continúan en vigor las tesis políticas doctrinales de buenos y malos, quedado reservado a los primeros el papel de vencedores y los segundos el de perdedores, con lo que las bondades del triunfador aparecen para justificarlo todo. De otro lado, en el caso de la más significativa del momento presente, sirve para tratar de dejar constancia política tanto del poder del imperio personalista—alimentado por la afición al espectáculo del personaje de turno—, del Estado expansionista —que dirige bajo cuerda el concierto mundial— y del poder global de los señores del dinero —agazapados entre bastidores—. Quienes comulgan con sus dogmas están del lado de los buenos, lo otros son los rebeldes, a los que hay que hacer pasar por el aro.

Sin embargo, tan importante como el asunto político, está la economía, y ahí ya se sabe quien se lleva la palma, la elite sinárquica, empeñada en mantener el control sobre las masas a base de controlar la posesión de ese dinero falso que emite, para que la muchedumbre inmediatamente lo traslade........

© Aporrea