Lecciones para Venezuela sobre transiciones políticas
Inicia junio de 2026. Van cinco meses desde la incursión de tropas extranjeras en territorio venezolano y del secuestro de Nicolás Maduro Moros. Mientras tanto, los anhelados cambios solo se han presentado de forma parcial.
En el campo de lo político, se puede resumir lo siguiente: la liberación de presos políticos y de "políticos presos" (aunque aún quedan algunos en centros de reclusión); la designación en los ministerios de figuras asociadas a la oposición o que han mantenido posturas técnicas alejadas del partidismo; el nombramiento de un nuevo fiscal general y de una nueva defensora del pueblo ─vinculada a sectores opositores─; y la reforma del sistema judicial, la cual demanda la renovación de al menos 18 magistrados y refuerza la Sala Constitucional.
Asimismo, destaca la apertura de la Embajada de Estados Unidos y la visita de altos funcionarios, que alterna con el sobrevuelo de aeronaves de guerra con efectivos militares y altos mandos de la Secretaría de Guerra de la administración Trump.
En el capo de lo económico, el alcance de las bondades del tutelaje es incierto: los salarios siguen congelados y el aumento de las bonificaciones es una oferta mediada por un eufemismo que causa desconcierto: el "ingreso integral". Además, mientras el ministro del Trabajo habla sobre "la mentira de las prestaciones sociales", se promete un bono por eficiencia que dista mucho de una entrega eficiente y la brecha cambiaria avanza sin freno. Todo esto ocurre bajo un alza de precios que sorprende a propios y extraños (por lo que recientemente ha dicho el economista José Guerra tras regresar del exilio, se puede pensar que en Washington es más barato comer arepas).
Ante la realidad de estos dos campos, nos preguntamos: ¿surgirá en el panorama una posibilidad estratégica que modifique el escenario nacional, disipe las dudas sobre el presente inmediato de la Nación y devuelva la soberanía popular como instrumento potenciador del retorno a la República?
Revisemos cómo tres países gestionaron sus demandas de cambio de régimen; a saber: Brasil, Chile y España.
Brasil: crítica y diálogo
El proceso de cambio de régimen en el Brasil de la dictadura militar es prueba de que las transiciones políticas no ocurren en un santiamén. Al contrario, son el resultado de un proceso de negociación en el que la confrontación institucional evidencia la disputa y, al mismo tiempo, permite abrir espacios de diálogo para retornar a la democracia. Esto sucedió aun cuando el régimen militar, posterior al golpe de Estado de 1964, disolvió todos los partidos políticos existentes para imponer una fachada democrática controlada. Asimismo, pese a la fragmentación de la oposición, se lograron consensos en los aspectos fundamentales.
El mecanismo de resistencia también proveyó de autoridad y representación a sectores que, a pesar de no pertenecer estrictamente al campo de lo político, fueron claves para la restauración de la democracia. Por un lado, la Iglesia católica condenó la represión estatal, cobijó a trabajadores en huelga y promovió la participación democrática desde las bases. Por otro lado, el empresariado adoptó una postura contra el estatismo en 1974, advirtiendo que un Estado interventor deviene........
