Dinorah suma, no sustituye
La actuación de Dinorah Figuera (a quien mucho conozco) no le quita ni poder ni autoridad a María Corina porque el juego político venezolano no es —ni de lejos— un concurso de reemplazos. Aquí no hay sillas musicales, ni coronas que se heredan, ni tronos vacantes esperando nueva dueña. Esto es otra cosa: tableros distintos, legitimidades que no chocan, funciones que no se pisan.
María Corina —la que corta— no está en disputa. Su liderazgo no se imprime en papel membretado ni se refrenda con un sello húmedo. Es un liderazgo que se respira en la calle, que se oye en el murmullo del país, que se siente en la piel de la gente que la reconoce como brújula en medio del naufragio.
Dinorah —la que regresa— juega en otro tablero, uno menos ruidoso pero igual de necesario: el de la institucionalidad que se........
