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Los laberintos de la intransigencia

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02.03.2026

En 1991, Albert O. Hirschman -un economista heterodoxo que huyó de la Alemania nazi, combatió en la Guerra Civil Española y fue traductor en los juicios de Núremberg- publicaba su célebre Retóricas de la Intransigencia. Allí, el hombre que observaba con ironía el triunfalismo conservador tras la caída del Muro de Berlín y el auge de la era Reagan-Thatcher, se propone mucho más que diseccionar ese discurso: se trataba, más bien, de desentrañar las claves de la arquitectura mental que anticipa la resistencia al cambio. Tras notar que los argumentos contra el Estado de Bienestar en EE.UU. eran similares a los usados contra el sufragio universal en el siglo XIX y contra la Revolución Francesa en el XVIII, Hirschman evita cuestionar el contenido de esas ideas para concentrarse en sus formas. Esto es, el uso de moldes retóricos fijos al que recurre el pensamiento reaccionario para desactivar cualquier avance social, cualquier avance de la democracia, sin antes ponderar sus méritos reales.

El autor identifica entonces tres argumentos “maestros” que se repiten de forma cíclica, cada vez que alguien propone una reforma progresista. En primer lugar, está el popular efecto de la perversidad: «todo intento de empujar a la sociedad en una dirección determinada resultará, por vía de una cadena de consecuencias no deseadas, en un movimiento en la dirección opuesta». Esta tesis sostiene que toda acción política desplegada para mejorar un estado de cosas sólo servirá para empeorarlo; una vía para convertir al reformista en un ingenuo que terminará destruyendo todo aquello en lo que cree.

En segundo lugar, aparece la tesis de la futilidad: la creencia de que el cambio es ilusorio, que cualquier esfuerzo en materia de participación será un gasto de energía inútil, ya que el statu quo es todopoderoso y su daño, incurable. «Puedes cambiar leyes”, se aduce, “pero el poder real seguirá en las mismas manos”; aspirar al cambio es “arar en el mar». El tercer pilar de la intransigencia remite a la tesis del riesgo: incluso cuando la propuesta de cambio luzca promisoria, pondrá en peligro logros anteriores, mucho más valiosos. Una manera de inducir a la parálisis por miedo, de validar el........

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