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SENIAT: red de poder, miedo y corrupción contra los contribuyentes venezolanos

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25.03.2026

El fisco convertido en aparato de persecución.

El SENIAT dejó de ser hace años una administración tributaria para convertirse en una red de poder, miedo y extorsión, desde 2008, José David Cabello Rondón ha estado al frente de la institución, consolidando una estructura que controla aduanas, exoneraciones y multas con un poder equivalente al de un tribunal, pero sin jueces, sin ley y sin rendición de cuentas, bajo su mando, el SENIAT ha pasado de ser un órgano técnico a ser un instrumento de persecución política y económica, donde la discrecionalidad se impone sobre cualquier noción de legalidad.

La permanencia prolongada de Cabello en el cargo, sumada a su vínculo directo con el poderoso dirigente Diosdado Cabello, ha consolidado un modelo de control autoritario sobre el tejido productivo nacional, no se trata de una simple administración tributaria ineficiente, sino de un dispositivo de disciplinamiento social que utiliza el terror fiscal para someter a comerciantes y emprendedores.

La militarización de la institución combinada con ignorancia jurídica, ha provocado una humillación cotidiana a los usuarios, el SENIAT, en sus sedes regionales y en las aduanas del país, ha sido entregado de facto al control de cuadros militares, muchos de ellos sin formación alguna en materia tributaria, derecho financiero o comercio internacional, diversos analistas han señalado cómo, durante la gestión de Cabello, se desmanteló el capital humano técnico del organismo para reemplazarlo por gerencias regionales y jefaturas de origen castrense, degradando la calidad institucional y subordinando el derecho a la lógica de cuartel.

Visitar una sede del SENIAT se ha convertido, para los contribuyentes, en una experiencia traumática, funcionarios rodeados de policías y militares, directores que regañan a los usuarios, exigiendo comportamientos de subordinados, no de ciudadanos que ejercen derechos, imponer miedo al fiscal, al jefe de unidad o al director regional, se ha instalado como parte del ecosistema.

Multas salvajes, cierre de negocios y destrucción del emprendimiento.

El desplome de la producción petrolera llevó al régimen a buscar, de forma desesperada, sustitutos fiscales, y el SENIAT se convirtió en la herramienta perfecta para exprimir al comercio y la empresa privada, multas exorbitantes, basadas en resoluciones internas aplicadas con total discrecionalidad hasta quebrar comerciantes y pequeños emprendedores, que supuestamente se pretendía estimular.

En el contexto de la campaña presidencial, se documentaron cierres de locales en diversas regiones del país, dirigidos especialmente contra negocios cuyos propietarios se habían manifestado abiertamente críticos de Nicolás Maduro, confirmando el uso selectivo y político del poder tributario, el mensaje fue claro: quien disienta, paga con clausuras, sanciones y la destrucción de su fuente de ingreso, ningún país puede levantarse económicamente bajo un sistema tributario que opera como garrote, el terror que sienten muchos comerciantes cuando llegan los funcionarios del SENIAT no es una exageración retórica, sino una descripción precisa de la práctica cotidiana de extorsión, denuncias públicas describen cómo inspectores se presentan en restaurantes, consumen alimentos y bebidas sin pagar, bajo la amenaza explícita o implícita de levantar actas y aplicar multas ruinosas.

En otros casos, los comerciantes relatan cómo los funcionarios se llevan mercancías de tiendas de ropa y otros rubros, o cómo los fiscales se sientan en la caja y exigen contar el dinero de las ventas del día, en una actuación más propia de una banda de cobro de protección que de un órgano del Estado. Esa dinámica de “paga con mercancía, paga con comida, paga en efectivo o te destruyo con una sanción” configura un esquema vulgar de extorsión institucionalizada, amparado en el poder sancionatorio que les otorga el SENIAT y la cobertura política de la alta jerarquía.

El negocio del RIF, las actualizaciones y las empresas inactivas.

A la violencia abierta se suma la violencia burocrática, actualizaciones de RIF impuestas incluso a contribuyentes cuyos documentos no han vencido, bajo el pretexto de “actualizar datos” o correos electrónicos, con pagos equivalentes a sumas significativas en dólares para cada trámite. Empresas que permanecieron cerradas por años debido al colapso económico y la hiperinflación, y que intentan reabrir, se encuentran con un muro de multas por “reactivación” y otras figuras administrativas creadas en resoluciones internas de dudosa base legal.

Ese uso creativo y abusivo de la potestad reglamentaria convierte al SENIAT en un obstáculo frontal a la recuperación económica, castigando incluso a quienes buscaron la vía formal y mantuvieron su estatus legal inactivo mientras el país atravesaba la peor crisis de su historia contemporánea, el resultado es un ecosistema de miedo y costo imprevisible, donde cualquier intento de formalizarse se percibe como un salto al vacío ante una institución que puede arruinar a cualquiera.

Las Aduanas son el laboratorio del negocio perverso, constituyen uno de los espacios más oscuros de ese entramado de poder, donde confluyen intereses militares, decisiones discrecionales de nacionalización parcial de cargas y acuerdos informales para desviar mercancía hacia circuitos de corrupción, desde hace años, analistas, periodistas y organizaciones han señalado la captura de las aduanas por redes castrenses y político-partidistas que operan con la lógica de un botín, no de un servicio público.

La periodista de la fuente militar Sebastiana Barráez, quien ha denunciado múltiples irregularidades en la Fuerza Armada ha descrito cómo estos circuitos de poder utilizan las aduanas para privilegiar a ciertos sectores y negocios, mientras castiga a quienes no se pliegan al esquema. En la práctica, se nacionaliza una parte de las cargas y otra no, de acuerdo con convenios con mandos militares y operadores económicos, lo que profundiza la competencia desleal, la corrupción y la destrucción del comercio independiente.

Voces dentro y fuera de Venezuela han señalado al SENIAT como una estructura al servicio del régimen que combina rasgos autoritarios, prácticas de lavado y extorsión sistemática contra sus ciudadanos, el propio Cabello ha sido objeto de sanciones internacionales, entre otras razones, por el uso del SENIAT como plataforma de enriquecimiento ilícito y represión económica.

Mientras intentan presentar al organismo como un pilar del desarrollo, la realidad que padecen los contribuyentes es la de un aparato represivo, desacreditado, temido y odiado, que ha destruido el capital humano interno y ha destruido también el capital económico del país, ningún proyecto de reconstrucción nacional será posible si se mantiene este modelo tributario basado en el miedo, la arbitrariedad y la corrupción, en lugar de uno fundado en la ley, la transparencia y el respeto al contribuyente.

Por ello, no basta con cambios cosméticos o recambios de nombres en el poder, se debe desmontar el esquema de militarización, discrecionalidad y persecución que hoy define al SENIAT, depurarlo de sus redes mafiosas, y someter a investigación y sanción penal a quienes han utilizado la tributación como herramienta de chantaje político y negocio personal, mientras el SENIAT siga siendo un ente perseguidor y destructor del aparato económico, Venezuela seguirá atrapada en una espiral de pobreza, miedo y dependencia, incompatible con cualquier horizonte serio de libertad.


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