La fractura administrada
El ensayo de Figuera en Caracas: una lectura de los seis meses
A seis meses de los sucesos del 3 de enero, la economía no muestra mejoría. El olfato popular, termómetro que rara vez miente, registra el fracaso con la certeza con que el campesino presiente la sequía. La apertura petrolera ha rendido frutos exiguos: las inversiones no llegaron con la prisa prometida, la estabilización macroeconómica no asoma en el horizonte y la gobernabilidad interna carece de esos destellos de recuperación que los voceros oficiales anuncian desde sus tribunas. La realidad se impone sobre el relato.
Para evitar un choque político prematuro que exponga este balance desfavorable antes de las legislativas de noviembre de 2026, la administración Trump necesita estabilizar la narrativa exterior. El ensayo técnico —reconstruir primero el Estado para luego convocar elecciones— funciona como válvula de escape burocrática que reduce temporalmente la urgencia de activar la Fase III, la de ejecución de la transición. Pero la demanda por esa fase no cesa. Crece en la política doméstica estadounidense, donde el representante Gregory Meeks y la senadora Jeanne Shaheen, líderes demócratas de Asuntos Exteriores, asedian al secretario Rubio con preguntas que no admiten evasivas. Crece también entre los factores de presión locales encabezados por María Corina Machado, que exige elecciones presidenciales con la firmeza con que el río exige su cauce.
El 28 de julio no fue un día cualquiera. Fue el día en que el pueblo venezolano habló con una voz que no admite traducción. En cada voto, en cada cola bajo el sol, en cada acta resguardada como relicario, se inscribió un mandato que ningún acuerdo de despacho puede anular. Ese mandato tiene nombre y rostro: María Corina Machado, portadora de una voluntad que no se negocia porque no se delega. El Acuerdo de Panamá, suscrito el 22 de mayo, fue la traducción política de esa verdad irredimible: la coordinación de cualquier negociación con el régimen recae en quien el pueblo eligió. Panamá fue el dique, pero el agua que contiene es la del 28 de julio.
El ensayo de Figuera en Caracas, que hipotéticamente podría interpretarse como presión de Washington por forzar una salida electoral institucional, encuentra una respuesta escurridiza en la facción gobernante de facto y sus aliados. No ofrecen el desenlace —calendario firme, habilitación definitiva—, sino el andamiaje: venden el método, no el fruto. Una arquitectura técnica que conocemos bien porque la hemos visto otras veces: una mesa de trabajo instalada ahora en el Palacio Legislativo —no en República Dominicana, Barbados o Noruega— para discutir la conformación del CNE y las auditorías del sistema. Una........
