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Donde estén…

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18.07.2026

Sancho, nadie es mejor que otro, si no hace más que otro…Miguel de Cervantes, en Don Quijote de la Mancha

No voy a dedicar tiempo ni espacio a ocuparme de la ineptitud −¿desidia?− de un Estado y un gobierno para afrontar la tragedia vivida, la del 24 de junio, la de los días transcurridos después y los que transcurrirán, que no harán más que poner de manifiesto esa ineptitud. ¿Por qué un país como Venezuela, con la inmensidad de recursos económicos, provenientes de los ingresos petroleros que ha tenido en los últimos 27 años no está en capacidad de afrontar esta tragedia? ¿O tan solo tener, por lo menos, los equipos humanos, debidamente dotados para afrontar esta situación, como lo están países con muchísimos menos recursos? Son preguntas, hoy retóricas, que algún día, alguien tendrá que responder, al país y sobre todo a los familiares de las víctimas.

Afortunadamente tampoco tengo nada personal que comentar, ni dedicaré tiempo para describir más la tragedia, ya tenemos bastante con videos y comentarios, algunos muy inadecuados e irresponsables, bajo la excusa de “informar” y la “libertad de opinión” aportan poca información y mucha angustia. Pero, sí tengo mucho que decir de los días posteriores, hasta el momento de escribir estas líneas, y comenzaré con algunas reflexiones.

Enseñanzas de Colegio

Quienes crecimos en las aulas del Colegio La Salle −en mi caso, La Colina−, aun después de 63 años de haber dejado el colegio, recordamos con afecto y algo de nostalgia a algunos maestros y Hermanos FSC, que nos dieron la mejor educación que se podía en los años sesenta del pasado siglo. Hay uno en particular que quiero evocar y recordar, el Hno. José Peñaloza Peñaloza; un tachirense, de enorme tamaño, físico y mental, natural de San José de Bolívar o San José de Río Bobo −por el río cercano a la localidad, aunque a él no le gustaba que se diera ese nombre al pueblo− capital del Municipio Francisco de Miranda, a 87 Km de San Cristóbal, en un viaje por montañas andinas de más de dos horas.

Aparte de las materias que enseñaba, yo lo conocí a fondo y tuve relación con él en lo que en aquella época llamábamos “actividades extracátedra”. En mi caso, y estoy seguro que en el de cientos más de alumnos, el Hno. Peñaloza nos guio en los principios de la política, de la actividad social y comunitaria, de la preocupación por los demás, en lo que llamábamos “apostolado”, que desarrollábamos en el Centro de Estudiantes y en un movimiento de retiros religiosos o espirituales, que llamábamos Palestra y que con ese nombre, aún existe en Argentina, en Jujuy, Catamarca, Tucumán, Salta, San Luis y Córdoba; incluso en 2025 realizaron un encuentro de “palestritas” para celebrar el 50° aniversario de Palestra en la región de Salta.

Mucho fue lo que algunos aprendimos del Hno. Peñaloza, en materia de habilidades de comunicación, mística de trabajo y capacidad de organización; nos sirvió para nuestra actividad social y política, en la sociedad civil y en la vida. Entre esas enseñanzas viene a mi memoria, hoy, con la tragedia, lo que él llamaba la “vocación de servicio” y la “capacidad de estorbo”

En toda actividad humana, decía Peñaloza, hay quienes se destacan por su “vocación de servicio”; son aquellos siempre dispuestos a trabajar en lo que sea, a aportar esfuerzo para organizar, para hacer tareas en pro de los demás, para ayudar, sin pedir nada a cambio, sin descansar, hora tras hora, día tras día, que se recuperan rápidamente y........

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