Libertad de expresión: ¿excarcelada, libre o bajo vigilancia?
En un tiempo donde las redes sociales y los medios digitales amplifican cada voz, la desinformación -igualmente- se ve realzada. Tanto que, las mismas circunstancias que suscriben los hechos alrededor de los cuales la desinformación se luce en virtud de la vehemencia rabiosa que caracteriza su efervescencia, impulsan una pregunta incómoda: realmente hay plena libertad de expresión y de información. Algunos pudieran decir que sí. Sin embargo, otros dirían que no. Mientras, a lo lejos, se escuchan voces que manifiestan que “a medias”.
Pero la situación que ha provocado la susodicha vicisitud, se presta a ser observada -en detalle- lo que su realidad contiene y mantiene. Al cepillarla y limpiarla, se descubren grietas que, interpretadas en lenguaje político, dejan ver censuras algorítmicas, problemas de polarización, sesgos, miedos, leyes ambigüas, conflictos incompatibles y censura aplicada o auto infringida. Ello, no sólo por temor a represalias. También, a calumnias de toda índole, tamaño y forma.
Incertidumbres que marcan una realidad
Aun así, podría decirse que hay dudas a este respecto. Por ello, y con estricta razón, las realidades reclaman verdades argumentadas sobre mas verdades debidamente abiertas a toda interpretación que pueda precisar sus interioridades y externalidades. De esa manera podrían construirse tesis conceptuales, metodológicas y operacionales que liberen la manida paradoja de la libertad cuando refiere........
