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Con otro DNA

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06.03.2026

Se pueden escribir volúmenes sobre las diferencias entre Venezuela e Irán, pero quienes consideran que el petróleo es el ombligo del mundo se empeñan en buscar analogías de poco calado entre ambas situaciones.

Un rasgo que caracteriza a los servicios de inteligencia de esos países que hoy tienen ventaja dominante en este mundo es la capacidad de evaluar con relativa certeza el DNA de sus más destacados adversarios.

Para planificar y emprender las acciones que se han ido tomando en Venezuela desde el 3 de enero, en Estados Unidos se debió analizar a fondo el perfil del contrincante y se concluyó que todo era un descarado bluff por parte de una pandilla de mediocres guapos de barrio bajo.

Notaron que los ladinos hermanos Rodríguez destacan un poco entre el rebaño de cenutrios a quienes dieron un decisivo tatequieto y por ahora se apoyan en ellos. El resto depende de nosotros.

El caso de Irán es radicalmente diferente y en Washington se viene analizando desde hace medio siglo. Allá se enquistó una sanguinaria y fanatizada teocracia medieval, muy similar a esos japoneses sintoístas capaces de practicar el “kamikaze” en la Segunda Guerra Mundial.

Aquel Japón no se sometió sino con dos bombazos atómicos y aun por años quedaron soldados aislados del mundo que siguieron pensando que Hirohito era Dios.

La secta medieval que tiene sometido al pueblo iraní es irremediablemente intolerante, terrorista, genocida y tóxica. No tiene paz con otras religiones o culturas, y debe ser neutralizada decisivamente – cual bestia hidrofóbica – para que deje ser una amenaza para la humanidad.

Pese a cierta mitología “constitucional” que por allí circula, Trump cuenta con 60 días antes de necesitar aprobación legislativa para lograr sus objetivos.  Le quedan dos meses para neutralizar y propiciar el reemplazo del sanguinario régimen los ayatolás.

Trump se está jugando la popularidad que aún le queda de cara a decisivas elecciones legislativas y muchos adversarios apuestan por su fracaso, pero en un solo día pulverizó gran parte del aparato militar ofensivo y defensivo de los iraníes y descabezó a sus más notables dirigentes. Ya veremos qué pasa.

En Venezuela no seremos suizos, como en su día dijo Manuel Peñalver, pero tampoco hemos sido Irán, Ucrania y ni siquiera Cuba.  

Aquí quedan metas específicas que superar, pero al final llegaremos a unas elecciones libres y a poner fin a la dictadura. No sigamos buscando paralelismos, complicaciones o libretos internacionales. Vamos directo a lo nuestro: Gracias a Dios el DNA de Venezuela es bien distinto y singular.


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