El amante de la ministra
El amante de la ministra
La trama sería la siguiente: jovencito resultón con ministra madurita casada, no precisamente la más guapa del Gobierno
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María José Fuenteálamo
D un Gobierno paritario con 22 ministerios, sólo nos han aparecido amantes colocadas de un ministro hombre y, además, de los más cercanos al jefe. No digo que esto quiera decir nada. Pero el poder es el poder. La erótica de éste, también. Pero también ... hay ministras mujeres. Yo no sé ni me importa, salvo que lo mantenga enchufado con sueldo público sin ir a trabajar, si alguna de nuestras ministras disfruta de 'affaires' extramatrimoniales. No es esa la igualdad a la que aspiro. Pero, ¿se imaginan por un momento que hubiera sucedido? No, no podemos visualizarlo. O sí. Fabulemos, que es gratis. Total, España empieza a acostumbrarse, no sin sorpresa, a que las de más de 50 se líen con chicos de menos edad. ¡Exclusivón! La trama sería la siguiente: jovencito resultón con ministra madurita casada, no precisamente la más guapa del Gobierno. Algunos diarios dejan caer unas fotos, unos viajes, pero el Gobierno, en defensa de las suyas, enseguida habla de bulos y seudomedios. Saltan noticias de 'fiestas con chicos'. ¿Ni se entendería la expresión, verdad? Pero un día, de repente, estalla la trama. España entera descubre que la ministra –para que no piensen en ninguna diremos la de Transportes– tiene colocado a su joven amante en una empresa pública. Investigación. UCO. Marido dolido. Llega el juicio. Es entonces el joven amante el que aparece tapado, intentando no ser reconocido, como si la vergüenza de la traición a la familia, o al Estado, o a ambas instituciones, fuera suya y no del otro lado. Y eso, del otro lado, nuestra ministra, ex, pero toda pichi, se nos intenta presentar como una víctima de una trama empresarial. Me dejé llevar por las pasiones de la carne. Me pudo el deseo. La ministra caería hasta bien en la sociedad. Una pillina descarada que despertaría ternura. Hasta Santiago Segura le haría una película. Babosa, pero con éxito de público.
Sí, probablemente este país ya sea tan moderno como para no ver diferencias de sexo entre ministros/as y quien las vea es sólo porque está apolillado. ¿Cómo va a ser impensable lo de la ministra y su amante apadrinado? En una vista oral, como ahora, con Ábalos y sus amigas y las sobrinas de todos, el foco se centraría en los chicos y no en la política, que, por supuesto, se enfrentaría a un triste futuro judicial, pero no moral. Porque tener una cara pública y otra privada en esto del amor, el sexo y la familia… es cosa viejuna. Los puñales sobrevolarían el juzgado igual, los abogados preguntarían a degüello. Pero aquí sí, llegados a este punto, me planteo un dilema. Soy incapaz de imaginarme al abogado de una ministra preguntarle al amante de su representada si cobra por sexo. Menudo bochorno para la propia ministra. Porque, ya saben, no hay negocio sin clientas. Ni puta sin putero. Ahí lo tienen, el exministro que presumió de feminista en todo su esplendor, en 'streaming' judicial.
José Luis Ábalos Meco
