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Defensa del error en directo

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30.03.2026

Defensa del error en directo

Son las equivocaciones las que nos hacen humanos, nos mantienen atentos y, tantas veces, nos permiten recordar

¿Y si el dinero de Rhodes…?

María José Fuenteálamo

Suena la radio a media mañana un día entre semana cualquiera. El locutor, eminencia nacional, ya ha toreado la actualidad, ha moderado a sus tertulianos y ha entrevistado al personaje del día. Los contenidos a estas horas se vuelven más ligeros. Mientras le da ... la bienvenida a su siguiente invitado, introduce una mención publicitaria. Con tan mala suerte de que, nuestro reputado y preciso locutor –pronunciación impecable, exquisita impostación de la voz, control total de cadencia y silencios–, se traba al pronunciar el nombre de la marca. Al principio parece un leve descuido. Luego, se engancha hasta las trancas. Al final, sale como puede del atolladero.

De zapatos, la marca anunciada era de zapatos. Yo, que no estoy muy atenta a la radio, paro de hacer lo que estoy haciendo. Como si no me pudiera creer lo que escucho. De hecho, no lo hago. El mago de las ondas, tan correcto, tan natural siempre, se ha enganchado con un sencillo nombre de marca comercial. Como si en vez de una breve mención le hubieran colocado un trabalenguas imposible.

Pienso en todas las rabias que recorren el mapa en ese preciso momento. En la del experimentado periodista en el estudio, primero. Por deformación profesional. En la del dircom de la marca en su despacho, también. Por lo mismo. ¡Menuda pifia! Mañana tendrán que repetir, por compensar. Pero, espera… Igual esto no es así.

Sin encaje Opinión La urea de Trump María José Fuenteálamo

Opinión La urea de Trump

Opinión La urea de Trump

Cuando empiezo a salir del mini 'shock' radiofónico me doy cuenta, ahora sí, ¡serendipia!, de que mira, me he quedado con la marca. Precisamente por el traspiés. Ni me hubiera pispado del anuncio si no es por el tropiezo lingüístico. Es un buen argumento para lidiar con el enfado de algún jefe o de la agencia que paga la publicidad. Sumado al de siempre: así es el directo. En un programa grabado, te confundes, paras y repites para que todo quede perfecto. En el directo, los errores forman parte de tu esencia. No es que no se puedan quitar, es que si algún día se inventa un sistema de modificación en vivo habría que rechazarlo: los pequeños fallos lo hacen todo más real y, sobre todo, más humano. La explicación no es sólo del formato. El error, ha sido el error lo que ha captado mi atención. Me pregunto si un buen director de comunicación lo que debería encargar es una mención publicitaria con errata porque así te garantizas que el oyente se queda al 1.000% con el mensaje. Sí, igual he encontrado la verdadera estrategia de comunicación. En tiempos de IA, aquí está la clave. Es lo que hacen tantos influencers, no tapar los errores, salir en redes con la toma con defecto para que se fijen más en ellos. Porque lo imperfecto… conecta. Acerca. Iguala.

Una imagen o una voz generada por IA no se traba. Nos suelta la parrafada de forma tan perfecta que nos resulta inhumana, robótica.

Pero ¿por qué nos fijamos en el error? Lo llaman sesgo de negatividad. Es una herramienta de supervivencia. Andad bien atentos si algo va mal.

Pero, a la vez, hay que saber pasar del fallo. Lo contrario nos conduce a un perfeccionismo absurdo, como esperar que todo viaje salga como estaba previsto –anécdotas, entonces– o que el locutor de la radio con millones de oyentes no se equivoque jamás. También a una autoexigencia paralizante: no soportar un cuadro torcido, bloquearse con el inglés por no pronunciar como un nativo… Sería irreal hacerlo todo perfecto. Encontrar siempre la palabra ideal. No trabarnos nunca. En el directo de la vida, son los errores los que nos hacen humanos, nos mantienen atentos y, tantas veces, nos permiten recordar.

Por eso, mi amor, cuando recuerdes todas las veces que mamá se equivocó, que lo harás, espero que entiendas que ni somos robots ni vivimos en diferido.

Inteligencia artificial


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