Ormuz y el espejo del fracaso
Ormuz y el espejo del fracaso
La pregunta no es si el Estrecho volverá a cerrarse. La pregunta es si Europa habrá aprendido algo cuando lo haga
Alberto Camarero Orive
El estrecho de Ormuz mide 39 kilómetros en su punto más pequeño y por sus aguas transita cada día el equivalente a una quinta parte del petróleo que mueve el mundo. Los superpetroleros navegan en pasillos de apenas tres kilómetros de anchura en cada dirección, obligados a cruzar por aguas territoriales iraníes. Cuando ese corredor se cierra, el planeta lo nota en horas, y el 28 de febrero de 2026, lo notó. La operación 'Epic Fury', los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel sobre Irán, desencadenó el cierre efectivo del estrecho, la siembra de minas, las interferencias GPS y los ataques con lanchas rápidas y misiles. Al mismo tiempo, los hutíes reanudaban sus ataques en el mar Rojo, desviando el tráfico marítimo por el cabo de Buena Esperanza y añadiendo semanas a los tiempos de tránsito marítimo. Lo que parecía un conflicto regional se convertía en una emergencia energética sistémica global. Una vez más, Europa miraba atónita cómo sus vulnerabilidades quedaban expuestas.
El impacto en cifras es elocuente. El 13 por ciento del petróleo y el 6 por ciento del gas que consume la UE transitan por Ormuz. Tras el brutal recorte del gas ruso desde 2022, Europa había incrementado su dependencia del GNL procedente del golfo Pérsico, ampliando su exposición a cualquier crisis en la zona. Desde el bloqueo, el volumen de crudo que logra salir del estrecho ha caído a apenas el 15 por ciento de los niveles previos al conflicto y el precio del barril de WTI, que cotizaba en torno a los 65 dólares a finales de febrero, llegó a superar los 110 dólares, aunque ahora se mantiene por debajo de los 90, y la inflación en la UE escaló hasta el 3,1 por ciento,........
