Reaccionando, que es gerundio
Reaccionando, que es gerundio
Sánchez jamás ha pretendido llevar razón –qué anacronismo–, sino fijar los términos del debate: es la vieja teoría del 'framing', pero con anabolizantes
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Ha contado Carlos E. Cué en 'El país' que Sánchez tiene a más de setecientas personas trabajando en su gabinete, y que en alguno de sus discursos participan más de cincuenta: deben ser pocos, porque por lo visto siempre los tiene que retocar él mismo, ... como si fuera un Rubens que va a dar las últimas pinceladas a lo que ha hecho su taller para venderlo a precio de oro, a precio de genio. Más allá de la parodia de un presidente que necesita una redacción entera para escribir sus intervenciones, y que quiere vendernos la idea de que lo que sucede en España es el resultado de una planificación a largo plazo y no una improvisación del día a día para mantenerse en el poder, lo cierto es que su equipo lleva meses ganando la batalla de la atención. En España se habla y se escribe sobre lo que ellos ponen sobre la mesa, aunque sean asuntos tan anacrónicos como la desclasificación de documentos del 23-F o mensajes tan naífs y falsos como el 'no a la guerra'. La mayor parte del columnismo se ha convertido hoy en un género similar de esos vídeos virales en los que alguien se graba reaccionando a otro vídeo, en un ejercicio vampírico o parasitario con el que llenar de contenido su canal sin necesidad de sentarse a pensar. Así, opinar ya consiste en reaccionar a lo que Sánchez ha dicho o ha hecho o pretende hacer; no interesan tanto los hechos como su postura, casi siempre hipócrita o contradictoria, tan fácil de desmontar. Exige tan poco ganarle en el juego de la verdad... Y mientras le sacan las vergüenzas él estará sonriendo en su despacho, porque jamás pretendió llevar razón –qué anacronismo–, sino fijar los términos del debate: es la vieja teoría del 'framing', pero con anabolizantes.
Eso mismo que le ocurre al columnismo le sucede a la oposición, que ha adoptado el papel facilón de colocarse en el lugar contrario al que se sitúa Sánchez: ese parece ser su programa electoral. El fenómeno se ha evidenciado de nuevo con la guerra de Irán: la primera respuesta al 'no a la guerra' fue un 'sí a la guerra' automático, casi un acto reflejo («antes del derecho internacional están los derechos humanos»); solo después del reposicionamiento de Italia y Francia en el tablero internacional Feijóo pidió una desescalada, más por ósmosis que por voluntad propia, y luego siguió con la preceptiva receta económica. Irán aparte, es triste esta incapacidad para colocar un tema propio en la conversación pública y sostenerlo en el tiempo. Y hay tantos: la crisis de la vivienda, el deterioro de las infraestructuras, que se ha cobrado nuevas víctimas mortales en Santander, el coste de la vida terrenal frente al milagro económico español... Y más triste incluso es la ausencia de ideas propias en el discurso: todo es reacción. Pareciera que el único proyecto de futuro del que ha hablado el conservadurismo español últimamente han sido los 'therians'. Han dicho: no queremos que nuestros hijos sean 'therians'. Que por otro lado es una idea negativa, no propositiva. Ah, y también han pedido el regreso del Rey Juan Carlos.
