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La conquista: qué escándalo

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17.03.2026

La conquista: qué escándalo

A nadie le interesan las palabras del Rey sobre la conquista de América: si interesaran, no existiría la polémica ni la bronca ni el jaleo

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A nadie le interesan las palabras del Rey sobre la conquista de América: si interesaran, no existiría la polémica ni la bronca ni el jaleo y la vida sería demasiado maravillosa, todos tumbados en la felicidad del presente, sesteando. Bueno, pues Felipe VI fue al ... Museo Arqueológico Nacional con el embajador de México, Quirino Ordaz, y allí explicó cosas escandalosas, como que durante la conquista se cometieron excesos que no son motivo de orgullo para los españoles, aunque aquel mundo no fuera el nuestro y nuestro juicio ético no tuviera sentido entonces: esto se puede decir de cualquier época y casi de cualquier país, pero es un escándalo para esos divulgadores que ejercen de 'cheerleaders' del imperio español y para esos políticos con nostalgia de gobernar un territorio donde no se pone el sol. Estos, por cierto, son los mismos que dicen que a Bad Bunny no se le entiende y que en cualquier caso lo que él canta no es español, sino otra lengua aún por bautizar.

En el Arqueológico, el Rey también recordó que desde el primer momento de la conquista hubo controversias morales sobre la forma en la que debían ser tratados los nativos. Isabel la Católica prohibió que los españoles esclavizaran a los indios taínos porque estos eran personas inocentes que aún no habían escuchado la palabra de Dios, y ordenó que los trataran «como los otros nuestros súbditos y vasallos». Colón y compañía no estaban de acuerdo y querían continuar con su negocio, así que se las arreglaron para atraparlos en el llamado sistema de encomiendas, por el que los indios estaban obligados a realizar trabajos temporales para el encomendero. El truco despertó la ira de los monjes dominicos; uno de ellos, Antonio Montesino, reunió a la comunidad española de Santo Domingo el 21 de diciembre de 1511 para denunciar el abuso: «Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes (...) ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís?» Es con discusiones así que avanza la humanidad, esa combinación dificilísima de altura moral y miseria humana.

Hoy a nadie le importan las palabras del Rey Felipe ni de Isabel la Católica ni mucho menos las de Antonio Montesino, porque lo que se debate no es la historia ni la interpretación de los hechos ni la posibilidad de la verdad: esta es una bronca política alentada por una clase política incapaz de gestionar el presente y necesitada de causas imposibles, como cambiar el pasado, para seguir captando votos en una huida hacia delante que ahora nos devuelve a la conquista. Dicen que el Rey ha dicho lo que ha dicho para salvar la cumbre Iberoamericana, y que esto se inscribe en el acercamiento a México de los últimos años, que está regado con premios y exposiciones y puestos en España. ¿Pero qué es lo que ha dicho, exactamente? ¿Dónde está el escándalo? ¿En la conquista?

Museo Arqueológico Nacional


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