Cuando X nos convierte en un cero (a la izquierda)
“Estar en X para dar la batalla es, en realidad, alimentar al monstruo que cartografía nuestra derrota. Entre la vigilancia del Pentágono y la Ingeniería Seductiva, el activismo digital corre el riesgo de ser solo el combustible de su propia anulación”.
En la serie noruega Occupied, hay una escena que debería ser manual de cabecera para cualquier funcionario: antes de una reunión crucial de seguridad nacional, los ministros depositan sus teléfonos celulares en casilleros bajo llave fuera de la sala.
Saben que entrar con ellos es permitir que un tercero se siente a la mesa. Sin embargo, en nuestra realidad, asistimos a un «fin de mundo» de la prudencia: vemos a altos políticos debatir la soberanía mientras sus teléfonos y relojes inteligentes —sensores biométricos atados a la muñeca— le entregan al enemigo, en tiempo real, desde su ubicación, sus conversaciones y hasta su ritmo cardíaco y estado de salud.
El silencio en los pasillos del poder es aparente. Creemos que el secreto está a salvo porque las puertas están cerradas, pero el enemigo no necesita micrófonos ocultos: los hemos invitado nosotros, les damos de comer de nuestra batería y los cargamos con devoción en el bolsillo.
El siglo XXI no trajo la democratización de la palabra, sino la industrialización del espionaje. Lo que hoy llamamos «redes sociales» —X, Facebook, Instagram, WhatsApp, TikTok— no son plazas de intercambio, sino infraestructuras de soberanía privada al servicio de un Estado Mayor Digital Transnacional.
Hemos cometido un error de base: llamar «inteligentes» a los dispositivos que nos anulan. El smartphone ha revelado su verdadera naturaleza: es un Teléfono de Inteligencia. No es una herramienta para que el usuario hable; es un sensor para que el poder oiga. No es una ventana para que nosotros veamos el mundo; es un periscopio para que el complejo militar-industrial de Silicon Valley nos observe.
Cuando usted sostiene su teléfono, no está ante un objeto inerte. El micrófono no está ahí para captar su voz en una llamada, está ahí para que «ellos» escuchen sus deseos; la cámara no captura sus recuerdos, captura su entorno; el teclado no registra mensajes, registra la arquitectura de sus dudas. Leen, ven y oyen.
Es imperativo desmitificar la herramienta. Como bien se ha analizado recientemente en el texto «No piensen en el algoritmo» (Últimas Noticias, 2024), el algoritmo es el trapo rojo, el caballo de Troya, una........
